Si no temen ustedes que les piquen las ortigas, vengan conmigo por el estrecho sendero que conduce al pabellón, y veremos lo que sucede dentro de éste...

viernes, 21 de diciembre de 2007

Dictado III

Qué tonalidad en su madriguera dibujamos con los dedos. Una melodía que es apenas el olor inmenso de este cielo-pez escurridizo. No la suerte espesa que se deja al fondo del tazón, sino la burla, esquirla devorada por su forma apenas diferente de su ausencia como la ofensa perdonada.
Perdido el horizonte, el ojo se hace puro y violento. Entonces deseamos, entre otras cosas, besar el agua viva, última puerta luego de la cáscara, la fisión del átomo en la piel del niño-espíritu descalzo, desatar la fiebre en el comedor y derramar suficiente sangre entre las sábanas del matrimonio.

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